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No es extraño tratar con parejas que acuden a consulta y verles tan separados la una del otro, como si
estuviesen en ambos polos, aún encontrándose dentro de la misma habitación.

Se hablan, incluso se sonríen, sin embargo no se tocan. Ni un roce, ni abrazo, ni una caricia.
Siempre me resulta sorprendente este compartimiento de querer aparentar.
Pero sólo se puede hasta cierto punto.
La intimidad, cuando no es verdadera, cae por sí sola.

¿Puede recuperarse la llama de un fuego extinto? Personalmente, opino que no.
Lo que sí es posible, es crear un fuego nuevo, en otro lugar, con otra leña.

Nada cambia, si no hacemos un esfuerzo para que algo cambie y las parejas tienen propensión a ser
sedentarias y se tiende a crear una falsa sensación de seguridad, a través de la inmovilidad.
Probablemente, la confortabilidad la asociamos a un estado en el que ya no nos dejamos llevar por los instintos.
Otras cosas, nos quitan el sueño; una mejor economía y comprar cosas para lograr una estabilidad de pareja feliz,
por ejemplo, en lugar de trabajar la felicidad en pareja.

Es cierto que es más sencillo lucirse con una nueva casa o un fastuoso coche que, alardear de haber tenido
varios orgasmos con tu pareja el día anterior.
Es cierto que es más simple mandar a los hijos a estudiar a grandes colegios de renombre en países extranjeros
que esforzarte en que mejore tu francés o tu cunnilingus.
Es cierto que es más evidente manejar una brillante tarjeta en una restaurante exclusivo que, haber disfrutado
de una cena romántica mirándose a los ojos.

Y es que, tenemos esa clara tendencia a querer ser lo que no somos, en lugar de disfrutar de lo que
poseemos a nuestro alrededor, de las pequeñas cosas que nos ofrece la vida que, a fin de cuentas, son
las que nos proporcionan paz y felicidad, en la verdadera estabilidad entre ambos miembros de la pareja.

El contacto físico entre la pareja no se mide por su grado de relaciones sexuales, si no por sus míradas
cómplices, por un roce simple, por una mirada cómplice…

Es triste ver cómo uno de los miembros de la pareja sonríe y el otro pone cara agria. A buen seguro que lo habéis visto alguna vez, es un claro ejemplo de pareja sin intimidad.

Lo tuvisteis y lo perdisteis, no es momento de quejarse, si no de ponerse a trabajar en común.
Con los mismos objetivos y bajo el mismo procedimiento.
Como pareja, pero también como entes individuales.