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No son pocas las mujeres que experimentan esta sensación de tristeza extrema, tras un orgasmo.

Y sus parejas se quedan pasmadas y con una sensación de impotencia y de perplejidad, a la vez que se sienten culpables por si han sido bruscxs o han causado algún dolor.

Las mujeres viven sus vidas, pendientes de sus cambios hormonales que les provocan toda suerte de sensaciones emocionales en cada ciclo menstrual.

Si se mezcla con un trauma sexual presente o reprimido, o con una situación emocional complicada en un determinado momento, es muy posible que, al sentir el orgasmo, la tensión se libere y rompa a llorar.

No debería ser preocupante a no ser que se dilaten los episodios en el tiempo.  De lo contrario, deberá buscarse el origen de la angustia que se  mantiene atrapada y se libera en el orgasmo.

El sexo es una actividad lúdica, que sólo debería generar lágrimas de felicidad. Cualquier otra sensación puede orientarnos hacia la raíz de algún episodio traumático que debería intentar resolverse.

Por otra parte, el papel de la pareja en estos casos, es mejor que sea de cuidado y ternura total hacia la mujer afectada. No hay que forzar una respuesta ya que, probablemente, ella no la tenga en ese momento o no sea consciente de ella. No siempre que una mujer llora necesita que la abracen o que la acaricien. Cada una tiene su carácter y algunas prefieren llorar en soledad.

Siempre se la puede mimar después, si ella así lo prefiere.

No hay diferencia alguna entre mujeres cis y trans, puesto que las situaciones hormonales que viven pueden ser tremendamente parecidas. Las mujeres son mujeres, sin más.

Conxa Borrell