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No son pocas las personas que, en el meridiano de su vida, descubren que les gusta alguien de su propio sexo o, simplemente que tienen fantasías sexuales que creen homosexuales.

Y es que, de alguna manera aún nos cuesta comprender que nuestra sexualidad es más libre que nuestra moral. Y la química no entiende de sexos. Ni falta que le hace.

Los jóvenes, en general, comprenden de manera mucho más simple que gustarse no es una cuestión de sexo, si no de empatía. Poco importa el sexo de nuestra futura pareja de juegos con respecto a la nuestra.

Cada vez es más frecuente entre personas de mediana edad, que surja esa pregunta que, además plantea cuestiones de índole moral muy angustiante para quien se encuentra en esa situación que, por otra parte, jamás imaginó.

Hombres que sueñan con hacer la felación perfecta a un compañero de trabajo, a un amigo cercano, al muchacho que comenzó a primero de año en el gimnasio o a un perfecto desconocido.

 

 

Otra fantasía que suele presentarse es la de poder estar con una mujer trans. Disfrutar de un cuerpo mitad mujer y mitad hombre, les fascina a muchos caballeros de cierta edad. Pero también a las mujeres más desinhibidas.

 

Las mujeres, por otra parte, son más concretas en sus ensoñaciones. Tienen más claro quién les gusta y por qué, aunque si la moral la oprime también vivirá esa fantasía que podría ser simplemente un juego para compartir con su pareja o en momentos de placer onanista.

Las fantasías no tienen por qué llevarse a cabo. Eso debe quedar muy claro. Muchas personas tienen fantasías que, ni en mil años podrían llevar a cabo y sin embargo, les resulta muy placentero jugar con ellas. Cuanto más, si se puede compartir con tu pareja.

Los humanos somos capaces de ser altamente sensuales, no importa el sexo de con quién coqueteemos, simplemente supone un pequeño juego sexual que no tiene por qué llegar a más.

Si somos Lucía y nos gusta María no significa que toda una vida de heterosexualidad se nos haya tragado y que ahora, de repente, seamos lesbianas.

Y si a Arturo le gusta Álvaro para tener libidinosos juegos sexuales mentales, tampoco significa que de repente te hayas hecho gay.

Y si podéis, si la fortuna os acompaña en la complicidad del juego sexual con la persona deseada, no perdáis la oportunidad de incorporar al juego a vuestra pareja, tras ponerla en antecedentes con anterioridad. Nunca se debe forzar una situación. El sexo requiere de una grandísima dosis de respeto. El sexo es el único juego para adultos que tiene miles de norma y ninguna.  Y todas son susceptibles de cambiar cada cinco minutos.

Eso lo hace estar vivo y nos mantiene alerta para con nuestra pareja o parejas.

Las fantasías, si tienes pareja estable, suelen resultar más sabrosas compartidas y no te importe qué pueda pensar de ti tu pareja porque, tal vez, ella te sorprenda con un cuento parecido.

Alimentad vuestras fantasías en pareja, dejadlas crecer en vuestra alcoba o tal vez sobre la lavadora. Pero jamás forcéis una situación por hacer realidad una vivencia. Todo surge de manera natural.

Vuestra vida sexual vale más que, cualquier elemento en tercera persona. El sexo en pareja es cosa de dos. Respetad siempre los gustos y preferencias de vuestra pareja de juegos habitual para que, cuando las tornas se giren y seáis vosotros quiénes queráis hacer realidad un juego sexual os encontréis con la comprensión y el respeto que antes regalasteis.

Conxa Borrell

Terapeuta Sexual