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Conxa Borrell

No hay duda de que un aborto es casi siempre un motivo de malestar y desazón para la mujer. Como si no fuera bastante difícil tomar una decisión irreparable, las mujeres que se plantean un aborto, deben pasar también por el acoso moral de “matar una vida”.

Tal vez no nos demos cuenta de la cantidad de violencia que se ejerce sobre las mujeres y sus cuerpos, pero no hay duda de que ésta es una de las más crueles. El cuerpo de la mujer es muy complejo, aún más su sexualidad, estamos dominadas por las hormonas, máxime durante el embarazo, por temprano que sea.

En la maternidad no todo es un “se me pasa el arroz” o “mi reloj biológico me está avisando” ni el “sentimiento maternal”, nos viene concedido por generación espontánea. Hay mujeres que no desean ser madres, ni ahora ni más adelante, ni nunca. Las hay que desean serlo, pero en este momento preciso, prefieren esperar a una mejor pareja, un momento vital y/o económico mejor, etc… Nos creemos siempre en posesión de la verdad absoluta y no hay nada en este tipo de actitudes que ayude a la embarazada que desea no estarlo.

Acompañar, respetar, mostrar afecto, pasar a un segundo plano, escuchar con atención, son algunas de las cosas que debemos hacer en estas situaciones. No forzar a un aborto no deseado ni, por supuesto, hacer sentir culpable a la mujer que ha decidido someterse a esa intervención.

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Dejemos de lado nuestras creencias religiosas, dejemos de lado la moral, no prestemos atención más que al ser humano que está pasando uno de los peores momentos de su vida, decidiendo si traer, o no, una vida a este mundo a través de su cuerpo.

Mostrémonos como personas solidarias, amorosas y empáticas, porque de esa forma se supera un aborto y se desmatriza la situación. Que no es sinónimo de banalizar, por supuesto, si no de hacer un camino nuevo por quien puede verse atorada en un recodo.

Conxa Borrell

 

 

Les mil i una nits de Maria de la Pau Janer

¿Per què som infidels… i per què no ho som, però ens agradaria ser-ho? ¿Com podem saber si la parella és infidel? ¿Les noves tecnologies ajuden o delaten? En parlem amb Carme Sánchez, Paula Vip (Conxa Borrell), Sergi Arias, secretari del Col·legi Oficial de Detectius Privats de Catalunya, i Xavi Canalias.

Y es que muchas veces los miembros de la pareja no tienen el mismo ritmo sexual y ése es un tema altamente recurrente a la hora de efectuar las consultas, como un  generador de problemas en la cama.

Es probable que, uno de los dos sea más activo que el otro y que se origine una sensación de acoso en la pareja. Unx de ellxs se siente acosadorx y la otra parte se siente acosadx.  Al sujeto A le toca suplicar y parece que al B no le toca más remedio que ser siempre quien diga que no y quedar como “la/el que no quiere”, mientras que la percepción del primerx es de andar siempre muy salidx.

No es de extrañar que, ante tamaña situación de tensión, la pareja se aleje aún más del terreno sexual que ambos irán evitando para no sentirse mal consigo mismos. Y es que, tener ganas a la vez, con el paso del tiempo, se va haciendo cada vez más un ejercicio de responsabilidad hacia la propia sexualidad que, hacia la otra parte.

No tememos demasiado a probar cosas nuevas como cremas que no sirven para nada, aparatos que parecen de tortura en un gimnasio, comidas extravagantes de otras culturas, pedir que te aten o azotar a tu compa porque está de moda…pero cuando se trata de organizar nuestro propio placer dentro del entorno de la pareja, pareciera que nos da pereza e incluso que negarnos puede ser un motivo de castigo hacia el otrx miembro, cuando en realidad sólo nos estamos negando nuestro derecho inalienable a ser felices sexualmente.

Ya te he hablado mucho acerca del egoísmo con el que hay que afrontar la sexualidad en pareja. Y es que, si pretendes ser feliz en tus relaciones sexuales, tu prioridad debe ser disfrutar provocando placer. Hay pocos momentos en tu vida en los que se requiera este comportamiento.

No debes pensar en negarte a tener sexo por desidia, por cansancio, por estar viendo una película, o por castigar a tu pareja por aquello que hizo o dijo o que no pasó. Piensa que la única persona que resulta castigada eres tú. Negarte sistemáticamente a tener sexo va a generar tensiones en la pareja que, probablemente empeorarán un problema de fondo que no os atrevéis a afrontar y que, muy probablemente, son la causa de tu falta de deseo sexual.

La comunicación es esencial en estos casos y hablar  en un entorno favorable, siempre será el motor de arranque de un cambio de situaciones y roles que puede dar un gran empujón a tu relación estancada, que se parece más al juego del gato y el ratón que a un sano y despreocupado vínculo en el que ambos miembros de la pareja sean libres de decir y sentir sin tropiezos y guijarros a cada paso del camino.

Y no, no estoy diciendo que siempre haya que tener ganas a la vez. Si no que, deberás plantearte por qué unx siempre tiene ganas y la otra parte queda como la fría Alaska.

Conxa Borrell

No son pocas las mujeres que experimentan esta sensación de tristeza extrema, tras un orgasmo.

Y sus parejas se quedan pasmadas y con una sensación de impotencia y de perplejidad, a la vez que se sienten culpables por si han sido bruscxs o han causado algún dolor.

Las mujeres viven sus vidas, pendientes de sus cambios hormonales que les provocan toda suerte de sensaciones emocionales en cada ciclo menstrual.

Si se mezcla con un trauma sexual presente o reprimido, o con una situación emocional complicada en un determinado momento, es muy posible que, al sentir el orgasmo, la tensión se libere y rompa a llorar.

No debería ser preocupante a no ser que se dilaten los episodios en el tiempo.  De lo contrario, deberá buscarse el origen de la angustia que se  mantiene atrapada y se libera en el orgasmo.

El sexo es una actividad lúdica, que sólo debería generar lágrimas de felicidad. Cualquier otra sensación puede orientarnos hacia la raíz de algún episodio traumático que debería intentar resolverse.

Por otra parte, el papel de la pareja en estos casos, es mejor que sea de cuidado y ternura total hacia la mujer afectada. No hay que forzar una respuesta ya que, probablemente, ella no la tenga en ese momento o no sea consciente de ella. No siempre que una mujer llora necesita que la abracen o que la acaricien. Cada una tiene su carácter y algunas prefieren llorar en soledad.

Siempre se la puede mimar después, si ella así lo prefiere.

No hay diferencia alguna entre mujeres cis y trans, puesto que las situaciones hormonales que viven pueden ser tremendamente parecidas. Las mujeres son mujeres, sin más.

Conxa Borrell

Los humanos contemporáneos, tenemos la fea costumbre de llegar poco, tarde y mal a casi todas partes.

Desgraciadamente, en lo que a sexo se refiere, no somos una excepción. Y si además, hablamos de sexo anal, la cosa se pone oscura (sic), pero si añadimos el pequeño detalle de que el sexo anal sea para hombres no gays…ahí sí que la hemos liado buena.

Me encanta esa pregunta, en la intimidad de mi consulta. -Me metió el dedo y me corrí como un loco. ¿Soy gay?

Y me gusta que me la hagan porque, sólo de ese modo se puede llegar a comprender cómo el estigma de ser gay para los hombres, aún sigue pesando en nuestra sociedad. Incluso en aquellos que ni lo son, ni probablememte lo sean jamás. Es decir, tener relaciones sexuales ocasionales con otro hombre, no. Eso no te convierte en gay. Que tu pareja deje que su dedo se deslice por el interior de tu ano y acaricie suavemente tu próstata y eso te produzca un orgasmo intenso, no. Eso tampoco te convierte en gay.

Es curioso como, los hombres pueden imaginarse a su pareja mujer con otra mujer, sin que ninguna de ellas sea, o sea vuelva lesbiana. Sin embargo, cuando se les habla del ano masculino, otro gallo es el que canta. Y es que, incluso en ese espacio tan pequeño y tan escondido, se puede constatar el dolor que causa el machismo, incluso entre los propios hombres.

Lamento comunicarte hombre heterosexual que, tanto pánico le tienes al sexo anal, que la fuente de tus mejores y más placenteros orgasmos se encuentra situado justo en el interior de tu cuerpo y justo dentro del ano. Quiso la naturaleza ser así de malosa contigo y dijo, -Pues ahora te vas a enterar tú de lo que vale un peine-.

Comenzaba este artículo hablándoos de que los humanos, actualmente, llegamos siempre tarde y en cuestiones de sexo, más que en cualquier otro ámbito de la vida. Antiguas culturas como la griega y la romana tenían muy claro que el placer máximo que podía experimentar un hombre, podía provenir de otro hombre.

Sade también hace numerosas referencias al placer anal de los hombres en sus libros, pero nuestra culturilla aburrida de sexo por correo, nos ha obligado a desterrar placeres que jamás debieron abandonar nuestras costumbres.

En el sexo está todo inventado. Echadle, si no me creéis, un vistazo al Kamasutra que creo que tiene un año o dos de historia y ya comentamos…

No, practicar sexo anal no te hará gay. No, disfrutar del contacto con tu próstata de otro pene no te hará gay. Tampoco el usar dildos, arneses, o dedos propios o extraños.

Vive tu sexualidad con naturalidad, olvídate de prejuicios. Relájate y disfruta.

Conxa Borrell

 

 

 

No son pocas las consultas que recibo sobre el sexo oral a hombres, practicado por mujeres. Y, por extraño que pueda parecer, la gran mayoría plantean la duda existencialista de si es, o no, feminista practicar una mamada al tipo que está en ese momento contigo.

Una vez más, el porno ha sido malísimo a la hora de enseñar cómo las mujeres “deben” hacer una buena felación a un hombre. Siempre se nos ve sometidas, agarradas del pelo, con pollas enormes generando arcadas…Realmente eso tiene poco de feminista y mucho de sometimiento.

Aunque, no hay que olvidar que cuando decides hacerle una mamada a tu pareja (casual o intemporal), la harás como tú decidas. Es decir, no puedes olvidar que eres tú la que tienes 32 dientes y muelas y él quien tiene expuesto su órgano más preciado entre ellos. Si eso no es poder…cuéntame tú qué es.

Otra cosa sería el aprender a disfrutar del placer de hacer una mamada, del goce que se experimenta aplicado a través de los labios y la lengua, placer a tu pareja.

Ya sabéis que, sobre esto, hablamos mucho en los talleres sobre mamadas, pero lo importante es que, todo aquello que hagas en el sexo sea porque tú lo deseas. Si estar arrodillada mientras practicas sexo oral, no te hace estar cómoda, simplemente busca otras posturas que a ti te satisfagan más y donde te sientas poderosa y femenina.

Mantenerlo de pie, mientras tú estás cómodamente sentada es una postura sencilla, agradable para tu espalda y cuello y a ellos, les resulta muy visual y excitante.

Y recuerda que, en el sexo, todo es de ida y vuelta. Exige tu cuota de placer, siempre!

 

 

 

 

 

-¿Por qué no puedo dejar de ser infiel?

Hay una gran variedad de motivos, por los cuales somos, o podemos llegar a ser, infieles. Desde la excitación de que nos descubra nuestra pareja, hasta la clara necesidad de sentirnos aún atractivos y no poder dejar de ligar, pasando por la deplorable visión de nosotros mismos como personas deplorables que no merecen a su pareja, por ser ellos inferiores.

¿Una falta de sexo en casa sería una infidelidad perdonable? Casi nunca se perdona con facilidad una infidelidad.Ocurre que a veces, el pillado o el que confiesa la infidelidad, no es el primero en serlo, pero la pareja tampoco está dispuesta a pasar por alto el desliz del otro miembro.

Somos muy hipócritas, somos mentirosos, somos poco leales y en general, no deberíamos vivir en pareja. Pero vivir solo, ser un single aún representa tener que dar muchas explicaciones sobre el por qué de esa soledad escogida.

El infiel no siempre se siente culpable por lo que hace. Y el engañado se siente morir de miedo, de inseguridad y de vergüenza torturándose con una pregunta que le repica en el cerebro una y otra vez -¿por qué a mí? ¿por qué a mí? Tal vez toda resultara más sencillo si comprendiésemos que los humanos no estamos preparados para ser fieles, que la educación no le puede al instinto animal. Que la vida es sencilla, pero no hacemos más que complicárnosla.

A menudo la persona traicionada piensa que es culpable por no ser más delgada, o más alta, o más guapa, por no haberse cuidado más…Pero en realidad, las infidelidades sexuales poco o nada tienen que ver con el aspecto físico, si no con problemas que subyacen en la pareja desde hace tiempo y provocan la aproximación amorosa, cariñosa, sentimental, emotiva y finalmente la sexual.

Los bellos momentos se olvidan, los compromisos adquiridos se rompen unilateralmente y el amor se rompe, no por usarlo en demasía, si no por no haberle dado el uso adecuado.

La terapia únicamente funcionará si ambos miembros de la pareja están dispuestos a andar un nuevo camino y se escuchan el uno al otro, como entes individuales, como seres autónomos e independientes que son, el uno del otro.

En caso contrario, ninguna terapia funcionará, nadie podrá ayudar al barco que hace aguas y nadie más que los protagonistas de una historia de amor, serán los responsables de su volátil extinción.

Conxa Borrell