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Archivo mensual: septiembre 2015

Y es que muchas veces los miembros de la pareja no tienen el mismo ritmo sexual y ése es un tema altamente recurrente a la hora de efectuar las consultas, como un  generador de problemas en la cama.

Es probable que, uno de los dos sea más activo que el otro y que se origine una sensación de acoso en la pareja. Unx de ellxs se siente acosadorx y la otra parte se siente acosadx.  Al sujeto A le toca suplicar y parece que al B no le toca más remedio que ser siempre quien diga que no y quedar como “la/el que no quiere”, mientras que la percepción del primerx es de andar siempre muy salidx.

No es de extrañar que, ante tamaña situación de tensión, la pareja se aleje aún más del terreno sexual que ambos irán evitando para no sentirse mal consigo mismos. Y es que, tener ganas a la vez, con el paso del tiempo, se va haciendo cada vez más un ejercicio de responsabilidad hacia la propia sexualidad que, hacia la otra parte.

No tememos demasiado a probar cosas nuevas como cremas que no sirven para nada, aparatos que parecen de tortura en un gimnasio, comidas extravagantes de otras culturas, pedir que te aten o azotar a tu compa porque está de moda…pero cuando se trata de organizar nuestro propio placer dentro del entorno de la pareja, pareciera que nos da pereza e incluso que negarnos puede ser un motivo de castigo hacia el otrx miembro, cuando en realidad sólo nos estamos negando nuestro derecho inalienable a ser felices sexualmente.

Ya te he hablado mucho acerca del egoísmo con el que hay que afrontar la sexualidad en pareja. Y es que, si pretendes ser feliz en tus relaciones sexuales, tu prioridad debe ser disfrutar provocando placer. Hay pocos momentos en tu vida en los que se requiera este comportamiento.

No debes pensar en negarte a tener sexo por desidia, por cansancio, por estar viendo una película, o por castigar a tu pareja por aquello que hizo o dijo o que no pasó. Piensa que la única persona que resulta castigada eres tú. Negarte sistemáticamente a tener sexo va a generar tensiones en la pareja que, probablemente empeorarán un problema de fondo que no os atrevéis a afrontar y que, muy probablemente, son la causa de tu falta de deseo sexual.

La comunicación es esencial en estos casos y hablar  en un entorno favorable, siempre será el motor de arranque de un cambio de situaciones y roles que puede dar un gran empujón a tu relación estancada, que se parece más al juego del gato y el ratón que a un sano y despreocupado vínculo en el que ambos miembros de la pareja sean libres de decir y sentir sin tropiezos y guijarros a cada paso del camino.

Y no, no estoy diciendo que siempre haya que tener ganas a la vez. Si no que, deberás plantearte por qué unx siempre tiene ganas y la otra parte queda como la fría Alaska.

Conxa Borrell

No son pocas las mujeres que experimentan esta sensación de tristeza extrema, tras un orgasmo.

Y sus parejas se quedan pasmadas y con una sensación de impotencia y de perplejidad, a la vez que se sienten culpables por si han sido bruscxs o han causado algún dolor.

Las mujeres viven sus vidas, pendientes de sus cambios hormonales que les provocan toda suerte de sensaciones emocionales en cada ciclo menstrual.

Si se mezcla con un trauma sexual presente o reprimido, o con una situación emocional complicada en un determinado momento, es muy posible que, al sentir el orgasmo, la tensión se libere y rompa a llorar.

No debería ser preocupante a no ser que se dilaten los episodios en el tiempo.  De lo contrario, deberá buscarse el origen de la angustia que se  mantiene atrapada y se libera en el orgasmo.

El sexo es una actividad lúdica, que sólo debería generar lágrimas de felicidad. Cualquier otra sensación puede orientarnos hacia la raíz de algún episodio traumático que debería intentar resolverse.

Por otra parte, el papel de la pareja en estos casos, es mejor que sea de cuidado y ternura total hacia la mujer afectada. No hay que forzar una respuesta ya que, probablemente, ella no la tenga en ese momento o no sea consciente de ella. No siempre que una mujer llora necesita que la abracen o que la acaricien. Cada una tiene su carácter y algunas prefieren llorar en soledad.

Siempre se la puede mimar después, si ella así lo prefiere.

No hay diferencia alguna entre mujeres cis y trans, puesto que las situaciones hormonales que viven pueden ser tremendamente parecidas. Las mujeres son mujeres, sin más.

Conxa Borrell