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Archivo mensual: febrero 2015

Una de las peores cosas que les puede pasar a una pareja, es que uno de los miembros, o ambos, sean celosos. No porque los celos sean malos en sí mismo, si no por la interminable retahíla de sentimientos negativos que los acompañan. Desconfiaza, inseguridad, obsesión, posesión, son algunas de las sensaciones que acompañarán a la persona celosa.

Se aprende a tener celos y también puede desaprenderse esa conducta. No es sencillo, pero es indispensable para una relación sana a todos los niveles. Si se les permite crecer, los celos se desarrollan como una enredadera, trepando siempre hacia arriba y sin dejar ni un hueco por cubrir. Pero, también se pueden podar sus ramas y sus hojas, para poco a poco, dirigirla hacia donde deseamos y no nos moleste.

Lograr una pareja sin celos es posible y no, no todo se basa en que ambos sean tremendamente sinceros. Si no, en no mentir en lo esencial, en la lealtad a la pareja y en la confianza mutua. Una pareja no pasará de una situación de celos a ser abierta y liberal. Al celoso le da un colapso nervoso, seguro. Pero tampoco debe permitirse que éste manipule la relación, escondiendo tras una máscara de amor lo que, claramente, es un acto de posesión y que puede acabar en agresión y maltrato.

El celoso que no sabe controlar sus impulsos, suele ser una persona con una falta total de confianza en ella misma, por lo que, cualquier acto de individualismo por parte de la pareja, la interpretará como una agresión a su persona.    Los caminos para desaprender este tipo de conductas no es sencillo, precisa de terapia conjunta y lleva tiempo para poder desaprender las malas conductas, resarcir el daño hecho, asumir el causado, reafirmarse como individuo, no agresivo ni obsesivo, si no como parte de una pareja en la que la amistad y el compañerismo deben ser los protagonistas.

Conxa Borrell