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Archivo mensual: junio 2013

TUS REGLAS NO. ¡MI REGLA SÍ!

 

A menudo oímos a las mujeres quejarse entre ellas de sus reglas.

Demasiado abundantes, demasiado escasas, duran demasiados días, apenas son perceptibles,

causan dolores y calambres, pasan inadvertidas, tal vez se quejan de su británica puntualidad o de sus idas y venidas constantes durante el ciclo…

¿Cómo van a estar en paz con su menstruación si no la aceptan como algo bello en sus vidas? La gran mayoría de las mujeres convivirá con su regla más de cuarenta años y aún así no logrará aceptarla, quererla ni comprenderla.

No es de extrañar, pues, que sus menstruaciones les provoquen dolores, les “fastidien” planes sexuales viniendo a hurtadillas en el último minuto, o les provoquen la sensación de ir a desangrarse de un momento a otro.

De nuevo, en sexualidad, tenemos que volver a hablar de la comunión, absolutamente necesaria entre nuestro cuerpo y nuestro cerebro.

Tras toda la evolución desde la prehistoria las mujeres -algunas-, aún no han comprendido que la regla no es algo sucio. Ni que deba esconderse cuando sucede. Que no son impuras por tenerla. Que de hecho, tener la regla nos recuerda que, de la especie humana, las mujeres son las únicas que pueden concebir y parir. Que el cuerpo de las mujer precisa tener la regla, como precisa de las hormonas. Incomprensible cuando una mujer dice anhelar ser madre y sin embargo, reniega constantemente de sus menstruaciones.

Más incomprensible resulta, por ejemplo, que a día de hoy muchas madres y hermanas mayores sigan diciéndole a las menores que tienen su regla por primera vez que a partir de ese momento, deberán “cuidarse de los chicos”. En la regla no ven más que un posible embarazo no deseado, en lugar de hablarles abiertamente a las niñas de sexualidad y relaciones, incluida la menarquía, desde que son pequeñas.

-Hacerse mujer-, -ser ya una mujercita-, -convertirse en señorita-, -estar en edad de merecer-, han sido frases que, a lo largo de los siglos han acompañado a las mujeres en esta obligada situación traumática que se les obliga a vivir a partir de los nueve años.

En algunas familias se establecen records entre hermanas y primas, a ver quiénes siendo de la misma edad, tiene su primera regla antes, echándole en cara a las más rezagadas su poca prestancia a madurar y a entrar en el selecto mundo de las Mujeres de la Familia.

Las mujeres deben enseñar a las niñas que la regla es algo natural, que el hecho de tenerla comporta ciertas responsabilidades que el varón nunca tendrá sobre su propio cuerpo. Que hay que aprender a distinguir qué ovario está funcionando mejor, con cuál de ellos su regla es más o menos abundante…

Darles opciones a usar compresas, tampones o mejor aún las copas menstruales que las ayudarán a tener una mejor conciencia de cuánto sangran, de la textura, del color y del olor de la sangre menstrual.

Cuanto más reacia sea una mujer a tener su regla cada mes, más dolorosa se volverá. Más imprevisible, más molesta. Y con ello, cada vez la odiará más.

Descartando siempre causas físicas para ese dolor, tened por seguro que la vinculación afectiva entre cuerpo y mente es absolutamente imprescindible para vivir una regla sin dolor.

Llamarla por su nombre -regla o menstruación- no como “eso que nos pasa a las mujeres” o peor aún si cabe ,“la cosa”. Las mujeres deben evitar a toda costa tener esos pensamientos negativos hacia su ciclo menstrual y realmente advertirlo como fuente de ser MUJER.

Cuando una madre o una hermana, quiera explicarle a la menor los pormenores de la regla, debe evitar referirse a ella con sustantivos peyorativos y fomentar en ella la sensación de alegría que debe experimentar por tenerla cada mes, como señal de buena salud.

Desde la antigüedad los hombres han usado la sangre menstrual para hacer que las mujeres se sintieran inferiores, sucias, indignas e incluso malas para la sociedad cuando “están en esos días”.

Que se corta la mahonesa, que no se pueden tocar las plantas, porque enferman y mueren, que no son aptas para el sexo, que huele mal la mujer cuando está menstruando…

Pues bien, supersticiones aparte, las mujeres han sabido empoderarse a través de su regla y vivir con ella en perfecta unión. Y de ellas, debemos aprender.

Técnicas de relajación en procesos dolorosos pueden llegar a ser más efectivos que el más poderoso de los analgésicos. Existen técnicas de yoga, muy efectivas a tal efecto, por ejemplo.

Gracias a la regla, nuestro cuerpo de mujer tiene sus formas, gracias a ella podemos concebir, gracias a ella, regulamos nuestro cuerpo con las hormonas. ( progesterona y estrógenos).

No por tener la regla, ya se es mujer. Descartemos esa idea de la mente de nuestra pequeñas. A ser mujer se aprende durante toda la vida.

De ninguna manera hay que descartar las relaciones sexuales durante los períodos sexuales.

Es otra forma de generar hormonas contra el dolor, las endorfinas, El deseo, la líbido, justamente durante la regla está por las nubes y sólo la inhibición inducida, hace que la mujer se retraiga de buscar hacer sexo. También influye la educación de nuestras parejas sexuales. Educar a cada uno de los compañeros sexuales que tengamos a lo largo de nuestra vida, será algo que tocará hacer a la mujer para librarse de ese estigma de “suciedad interior” que los hombres creen que poseen las mujeres durante la menstruación. Si la mujer carece de compañero sexual, o si a éste no está por la labor, la masturbación es una alternativa realmente maravillosa.

Ser mujer resulta una aventura extraordinaria. Y tener la regla, debe ser un acontecimiento que las debe hacer sentirse felices, muy a pesar de la opinión ancestral de algunxs individuos (hombres y mujeres).

Tu cuerpo no sería tan bonito, ni estaría tan sano si no tuvieras la regla cada mes, durante más de cuarenta años. Disfruta de su aparición. Haz las paces con esa parte de tu cuerpo que es tan importante para tu salud sexual. Útero y ovarios trabajan durante todo el mes para que seas una mujer sana y tu cuerpo esté perfectamente regulado.

Este mes, cuando “te toque” salúdala, acéptala como se acepta la visita de una amiga querida.

Disfruta de los cambios que tu cuerpo experimenta días antes de su aparición y también después de que se haya despedido. El amor que tú le des, te será correspondido en poco tiempo.

Y tus dolores menguarán y tus reglas se apaciguarán si entras en armonía con ella.

Dedícate unos minutos de meditación, con respiraciones lentas y profundas. Visualiza tu útero, tus ovarios, tus trompas, el interior de tu vagina y comienza a mirar esa sangre que corre dentro de ti, como algo que no te resulta ajeno y sucio. Simplemente forma parte de tu esencia de mujer.

Y ya sólo por eso, resulta tremendamente valiosa.

Tanto como tú misma.

 

Conxa Borrell